Recordando a Ángela

Escrito por 25 marzo 2026 0 0

Es automático, inevitable: cada vez que aparecen en televisión las ministras de Hacienda o Trabajo me viene a la mente la señora Merkel, esa persona con aplomo, serenidad y sensatez, que sabía estar, sobria en el hablar y en el vestir, entre otras cualidades. Entenderán que no me acuerdo porque se parezcan en algo, sino por todo lo contrario.

Cuando veo a la primera en su asiento de vicepresidenta gesticulando , poniendo morritos, dando instrucciones a la presidenta de la Mesa, mandando callar al que habla sin tener el turno de palabra, como si no hubiera una presidenta para hacerlo, esos brazos que no paran, esos comentarios al oído y esas risas con sus compañeros de bancada, esos aplausos más propios de un tablao flamenco que del lugar solemne en el que está ( aunque ambos lugares se asemejan cada vez más), esos olvidos de lo que dijo el día anterior, esa mala memoria al no recordar a compañeros de ayer que hoy son señores que no conoce porque los han pillado con el carrito de los helados, esos tres años que lleva la buena señora sin presupuestos, los mismos que iban a estar “rotundamente sí” antes de finales de 2025 y otras cosas más, entonces, cuando veo estas actitudes, es cuando recuerdo a Ángela.

La señora Merkel con peinado habitual y sus trajes pantalón igual subía al estrado, que recibía o visitaba a un rey, a un primer ministro, a un presidente de gobierno, asistía a una cumbre del G20 o se entrevistaba con el Papa. La ministra de Trabajo, reina del yo invito y tú pagas, no repite modelo, oiga, pero, en fin, cada uno puede ir como quiera, faltaría más. Sólo lo digo por el contraste.

Puede que esté chapado a la antigua, pero hay valores que no se deberían olvidar con el paso del tiempo.

                                                                                       

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