Tenía la esperanza, vaga, pero la esperanza, de que, a la vuelta de vacaciones, al menos un ministro o ministra depositara sobre la mesa del Consejo su dimisión con carácter irrevocable por la pésima gestión del grave problema de Ceuta y sus inoportunas vacaciones, que se le debieron parecer cortas y quería unos días más en Andorra. Pero me equivoqué. Esperaba que al menos uno de los 22 tuviera sangre en las venas en lugar de horchata y le dijera al Presidente: Hasta aquí. Ha sido un placer acompañarte, pero hasta aquí.
Volvieron con caras compungidas, pero ya se van soltando y volvemos al “y tú más”, a buscar apoyos a cualquier precio (lo del catalán en Europa ya es que da risa) y a esperar al día 25.
No son conscientes de que, como órgano colegiado, son los principales culpables del tema Ceuta, ellos, sus predecesores y la mayoría de los 350 diputados por hacer las leyes con los pies (parte del cuerpo más alejada de la cabeza). Ahora los menores y adolescentes no acompañados tienen leyes que protegen sus derechos y sus libertades (R.D. 658/2025 por citar una) pero no hay ninguna ley que proteja los derechos y libertades de los niños y adolescentes de Ceuta cuando se produce una invasión (según la RAE: Irrumpir, entrar por la fuerza, ocupar anormal o irregularmente un lugar).
Pero esto, sin dejar de ser grave, no es lo peor. Es que en 60 días nadie se ha puesto a legislar para que, si se repite la entrada masiva, tener un sostén legal para aplicarlo rápida y contundentemente, ni se ha mejorado la seguridad del espigón de juguete que hace de frontera.
El invierno viene de camino. No digo más. Lo siento por ti, Ceuta
Escribrir una respuesta