El pasado 12 de julio se celebraron las elecciones gallegas y vascas. Los candidatos del partido socialista de ambas comunidades reclamaron la presencia del ministro Illa en sus campañas para mejorar los resultados anteriores. Fue el fichaje estrella, “por gestionar bien la pandemia, ser un tío solvente con la cabeza bien amueblada, generar confianza y haber hecho con el doctor Simón un tándem imbatible”. Podremos discrepar de la gestión, solvencia, amueblamiento y confianza, pero estaremos de acuerdo al 101% en que será imposible superar la imbatibilidad del tándem. Nadie lo podrá hacer peor.
Entonces los socialistas creían haber superado con éxito la gestión de la mayor conmoción sanitaria, social y económica en cien años. Por aquellos días, en Galicia había 1 enfermo en UCI, 3 hospitalizados, unos 200 en casa y cero muertos y en Cataluña 1 en UCI y 33 hospitalizados y 1 fallecido en los últimos 7 días. Como es natural, estos datos positivos, eran gracias a la gestión del señor Illa y su compañero de tándem.
A pesar de estos buenos datos, el PSOE perdió 4.000 votos en cada Comunidad, con más participación que en las elecciones anteriores en Galicia y menos en el País Vasco, circunstancia que no impidió que otros partidos ganaran aquí 24.000 ó 16.000 votos. Las encuestas les auguraban 20 escaños en Galicia, quedándose en 14 y 11 en el País Vasco quedando en 10. El efecto Illa quedó en pólvora mojada.
El pasado martes 26, en Cataluña había 799 enfermos en UCI (3.634 en el resto de España) y un total de 9.315 muertos (47.484 en el resto de España) Como es natural, ahora, estos datos negativos no son gracias a la gestión del señor Illa y su compañero de tándem.
Sánchez, como «premio» a su labor, lo manda a su tierra como candidato revulsivo del PSC a la presidencia de la Comunidad a ver si lo hacen «molt honorable». Repentinamente, en el peor momento, deja de ser indispensable en Sanidad. Y se va “contento, sin arrepentirse de nada, porque puede ser más útil allí, donde sus compañeros le piden que esté”. No repara en que ningún compañero le pide que se quede, que es otra forma de echarte.
Si su partido gana, y no le pasa factura su paso por el Ministerio, cosa posible viendo la atomización de los demás, con el fantasma de la independencia planeando sin acabar de desinflarse, en una sociedad tan polarizada y harta de unos y otros, le costará pactar para gobernar. Si lo consigue, por el bien de los catalanes, le deseo que gestione la Comunidad mejor que la crisis sanitaria. El listón está bajísimo.
Este comentario fue publicado en el diario La Verdad, de Murcia, el 8-2-2.021
Escribrir una respuesta