Hace unos días Mariano Rajoy publicó en El Debate un artículo elogiando la calidad de la selección francesa y acababa con algo así como “pero sin franceses”. La coletilla ha suscitado las iras de los próceres y próceras de los diputados y diputadas de izquierda, que han destapado su lado más soez, tildando el comentario de racista y profiriendo todo tipo de insultos gruesos al autor de la cita. Vamos, que se han mostrado como son, sin la careta del comentario ensayado previamente: indignos de decir que nos representan.
Si ustedes han visto Ocho apellidos vascos, habrán disfrutado al ver a Dani Rovira buscando en lo más profundo de su mente ocho apellidos vascos para contentar a su futuro suegro y le va enumerando ocho apellidos de futbolistas vascos famosos. En otra escena Karra Elejalde dice que no le gustaba para su hija un novio anterior porque era del sur, de Vitoria. Quería para su hija un mozo de allí, del norte, de Argoitia, con ascendientes con raíces ancladas por siglos en la tierra vasca, todo ello en un ambiente distendido que nos hizo pasar un buen rato. Si Dani fuese negro más de uno definiría la película como racista. No les quepa la menor duda. Hay mucha gente que no da para más.
Creo que el señor Rajoy va por ahí y no por el color de la piel.
Si los mismos jugadores que se dan por aludidos, los “no franceses”, fuesen blancos el comentario, siendo el mismo, no lo tildarían de racista.
Y para echar leña al fuego el presidente del gobierno, que está de basura hasta las cejas, va a la Fiesta Nacional Francesa y declara sentirse avergonzado por el artículo de Rajoy.
Muchacho, mírate primero antes de elegir algo que te avergüence. Lo tienes fácil. Cada día más fácil.
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