Me viene a la memoria la frase que grababan en sables y espadas allá por los siglos XVII, XVIII y más, que reza más o menos: “No me saques sin razón, no me envaines sin honor”
Después de hacer el ridículo por tierra, mar, aire y el espacio sobre el asalto a Ceuta por parte de unos 60.000 individuos (ya venían avisando en lotes de 200 o 300 los días anteriores sin que nadie moviera ficha), el Gobierno ha decidido sacar el ejército a las calles para garantizar la seguridad. Hemos desenvainado con razón.
Han regresado voluntariamente muchos de ellos, pero quedan muchos por regresar. Los militares los miran, pero nada pueden hacer. Esperan órdenes, pero los que tienen que darlas ni están ni se les espera.
Pedro Sánchez aparece todo compungido él, culpa a las mafias, al Supremo, a la diferencia de renta per cápita, da un mitin de sus inversiones en la zona, lamenta las muertes y se va de vacaciones.
Marlaska niega que Marruecos suponga una a menaza, que es un socio fiable, niega que los migrantes que han entrado puedan regularizarse y se va. Los militares siguen mirando.
Albares sube el nivel y critica “la sincronización de la internacional reaccionaria que difundió mentiras y falsas noticias”, recalca que Marruecos colaboró desde el primer minuto y exigirá solidaridad a todos los Estados de la UE. Ha fracasado diplomáticamente y va a exigir solidaridad. Manda huevos, que diría Trillo.
Las preguntas se agolpan: ¿Qué sabe Marruecos de estos personajes para tanta sumisión? ¿Dónde estaban que no han visto por televisión, en directo, lo que ha pasado? ¿Piensan que los españoles estamos a su nivel intelectual y despreciamos como ellos la verdad? ¿Alguien cree que lo que hay entre Marruecos y Ceuta es una “frontera”? ¿Qué más tiene que pasar para que estos incapaces dimitan?
Ahora el tiempo irá diluyendo la noticia y los intrusos serán repartidos por la Península antes o después.
El ejército será envainado sin honor. Habrán ganado ellos. Siempre gana ellos. Los otros.
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